Nombran a la “Ruta de la Amistad” como Patrimonio Cultural Tangible de la CDMX

Libro El retorno de la serpiente. Mathias Goeritz y la invención de la arquitectura emocional
Fotografía: Archivo Fomento Cultural Banamex, A.C.

El pasado 12 de octubre, el gobierno capitalino declaró a la Ruta de la Amistad como Patrimonio Cultural Tangible de la Ciudad de México. Esta ruta escultórica, concebida originalmente por Mathias Goeritz, fue inaugurada en el marco de las Olimpiadas del 68 y se considera un proyecto pionero, gracias a la apropiación del espacio a través de la práctica escultórica a escala urbana.

Entre los artistas participantes se encontraban Alexander Calder, Herbert Bayer, Constantino Nivol, Helen Escobedo y el mismo Goeritz, representando a sus distintos países y continentes. Cada uno de los artistas buscaba una reconciliación fraternal entre las naciones y sus ideologías mediante este proyecto escultórico, que consistía en monumentalidad, abstracción y factura en concreto, línea de trabajo que todos siguieron. Las esculturas, además, fueron pensadas como obras magnas que debían ser vistas desde un automóvil, es decir, figuras que pudiera apreciarse a partir del movimiento.

Libro El retorno de la serpiente. Mathias Goeritz y la invención de la arquitectura emocional
Fotografía: Archivo Fomento Cultural Banamex, A.C.

Mathias Goeritz, como artífice del proyecto, logró que la Ruta de la Amistad fuera auspiciada por el Estado y por la iniciativa privada –constructoras, sobre todo–. El artista presentó el proyecto como obras monumentales que serían parte del paisaje urbano como una nueva manera de arte público, además, su tono abstracto ofrecería a la ciudad un aspecto moderno y cosmopolita que estuviera acorde con la estética preponderante en las principales capitales del arte en occidente. Goeritz ofrecía, tanto al Estado como a la incitativa privada, una nueva estrategia de visibilidad y representación que dieran un aspecto futurista con tintes de inversión a la Ciudad de México y al país en general.

De origen alemán, Goeritz llegó a México en 1949 y fue aquí donde condensó sus principios estéticos bajo el nombre de arquitectura emocional. Esta definición de su trabajo no lo limitó meramente a la construcción de edificios, pues el artista desarrollo su talento en esculturas, gráficas y poemas visuales. Este concepto –arquitectura emocional– es relevante dentro del mundo del arte porque sirvió como herramienta de la Guerra Fría cultural para confrontar el arte figurativo que predominaba en la escena mexicana a mediados del siglo XX.

 

Libro El retorno de la serpiente. Mathias Goeritz y la invención de la arquitectura emocional
Fotografía: Archivo Fomento Cultural Banamex, A.C.

El decreto que reconoce estas esculturas como Patrimonio Cultural Tangible de la Ciudad de México fue publicado en la Gaceta Oficial, en el marco del 50 aniversario de la celebración de los Juegos Olímpicos en México 68.

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