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Fotografiar un aislamiento de 900 años

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En el año 1084, un sacerdote alemán conocido simplemente como Bruno, cansado de los constantes conflictos entre las autoridades religiosas, se internó junto con seis compañeros en el valle selvático de Cartuja, España. Fue así como nacieron los Monjes Cartujos, una orden dedicada a la contemplación y a la oración. Es decir, a vivir en silencio y en austeridad, sin visitas, radio, televisión, periódicos o conversaciones entre los mismos monjes, excepto en los tiempos designados de esparcimiento. El aislamiento en el que viven se ve reflejado en su lema: Stat Crux dum volvitur orbis, la Cruz estable mientras el mundo da vueltas.

Nueve siglos después, el colectivo formado por José Manuel Guerrero y Javier Ferrer (Guerrero & Ferrer), recibió un peculiar encargo de parte del Museo de Bellas Artes de Valencia; retratar el estado actual de las Cartujas. La idea era complementar con fotografías la documentación histórica y artística que se había hecho para la exposición “Memoria y arte del espíritu cartujano”. Para la tarea se eligieron tres Cartujas Valencianas: Valldecrist, Ara Christi y Portacoeli. En las primeras dos, inhabitadas, los artistas fotografiaron el legado arquitectónico de las cartujas. Sin embargo, fue en Portacoeli en donde pudieron capturar la vida de los monjes, que aún conservan un modo de vida muy similar al de sus antecesores medievales.

José Manuel Guerrero
Mediodía, 2009
Col. Guerrero y Ferrer

¿Cómo volverse parte de rutinas milenarias, como la misa de medianoche, las comidas en la soledad de la celda, o ver a los monjes acostarse a las seis de mañana y levantarse una hora y cuarto después? En resumen, ¿cómo puede un par de artistas penetrar un aislamiento de más de 900 años?

Fomento Cultural Banamex: ¿Cómo fue el proceso de fotografiar las Cartujas, específicamente la de Portacoeli?

Javier Ferrer: Empezamos yendo a Portacoeli solo los sábados, que era cuando el archivero, quien no es monje, nos podía atender. En un principio nosotros sólo íbamos a fotografiar la arquitectura, pero el archivero nos fue introduciendo poco a poco en los espacios que los monjes habitaban, hasta que el prior del monasterio nos abrió las puertas y accedió a que retratáramos a los monjes en su vida cotidiana.

FCB: ¿Cómo fueron recibidos por los monjes? ¿Cómo reaccionaron a la idea de ser fotografiados?

 JF: Fotografiarlos no fue fácil, costó algo. La orden es muy estricta, tienen unos horarios bastante rígidos. Además se nos hizo la petición de que los monjes quedaran en el anonimato. No podían salir sus rostros en las fotografías. Tampoco podíamos retratar la vida en comunidad. Las restricciones fueron particularmente difíciles pero fue lo que la orden accedió a hacer y tuvimos que respetarlo. Lo que pudimos retratar fueron sus momentos de oración y de estudio. Al mismo tiempo hubo cosas que no quisimos fotografiar, como el entierro y funeral de uno de los monjes. Pudimos entrar en esa dinámica, pero no era aconsejable fotografiarla. Ellos no tienen ningún interés en divulgar determinadas cosas.
FCB: ¿Qué tanto se acercaron a los monjes para retratarlos? ¿Los fotografiaban de cerca o usaron un teleobjetivo que les permitiera estar lejos?

JF: Para fotografiar a los monjes usamos lentes normales y sólo fotografiamos con luz natural. Practicamos una fotografía muy impresionista, es decir, una fotografía que no huye de la luz y sus matices. Capturamos todo lo que hacía la luz y nos interesó mucho incluir la sombra. Si tú vez el retrato del cartujo leyendo, la sombra de las hojas caen sobre el libro y la espalda del monje. No huimos de la sombra.

FCB: Un poco como los cartujos no huyen de sus propias sombras, sino que van al encuentro de ellas…

 José Manuel Guerrero: Sí. Ese impresionismo tiene unas connotaciones obviamente espirituales, es la traducción estética de esa idea inmanente de la fuga mundi y del silencio purgativo.

FCB: A nivel espiritual, ¿cuál fue el impacto de haber estado en contacto con los cartujos?

 JF: Como fotógrafos, tuvimos que mirar con mucha devoción lo que estábamos viendo para poderlo transmitir. Yo creo que eso se ve claramente en las fotografías. A nivel personal, el haber estado con los monjes cartujos tuvo una influencia bárbara en mí. El entrar a un lugar en el que hay una serie de seres que se dedican a la espiritualidad de tiempo completo, que se enclaustran y tienen una serie de privaciones, que se dedican a inaugurar continuamente una vía unitiva y purgativa en defensa de su propio espíritu y de la humanidad, eso te influye de una manera brutal. Es decir, estas personas no se encierran ahí por nada. Su renuncia no puede ser absurda. No es absurda.

FCB: Después de haber hecho las fotografías de las cartujas, continuaron con proyectos que conjuntan arte y espiritualidad. ¿Existe alguna relación entre el trabajo con los monjes y sus proyectos posteriores?

 JF: Después de las fotografías de “Retrato del silencio” generamos una serie de proyectos que fundamentalmente tienden a hacer una reducción de la espiritualidad. En el proyecto que hicimos en la UNAM, “Iluminación” (2014), relacionamos la iluminación o la idea de iluminar en el sentido de aclarar conceptualmente, con la mejora espiritual de la humanidad. En “On science” (2016) nos preguntamos como podíamos podemos resumir la geología o la biología desde el punto de vista de un artista contemporáneo y desde una visión espiritual también.

Nosotros consideramos que todo conocimiento es revelado por Dios. Hoy en día mucha gente plantea que espiritualidad y arte no tienen que ver, o que están de espaldas una disciplina con la otra. Pero para mí es todo lo contrario. En un momento determinado en los albores de la humanidad estas dos cosas convergieron y en el arte contemporáneo puede volver a generarse esto como discurso.

Visita la exposición:

Retrato del Silencio
Del 27 de julio al 8 de octubre de 2017
Casa de Cultura Citibanamex – Palacio del Conde del Valle de Súchil
Entrada gratuita

Más información:
+52 618 193 54 90
maria.fernanda.rangelchavira@citibanamex.com

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